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Noticias

La cocina, la reina de la casa

Ojalá el centro de todas las casas del mundo fuera una cocina.

No concebimos una casa en la que el centro de operaciones no sea el templo de las comidas y las cenas, los desayunos y las sobremesas. La cocina es esa parte de la casa donde se habla, se come, se escucha, se baila, se cocina, se hacen deberes, se mira, se calla, se bebe, se sirve, se vive y, sobre todo, se arreglan los problemas del mundo a base de cucharadas y olores, sabores y especias.

La cocina es la infancia donde tus padres, con una conversación entre los dientes, te enseñan a escuchar, a hablar y a razonar, a coger el tenedor y el cuchillo y a comer con la boca cerrada y la paciencia controlada.

Los mejores planes siempre nacen en una mesa de cocina. Para que una cocina sea vivida no importa tanto su diseño como sus habitantes. Basta que haya personas que hagan de ese espacio un sitio especial. Cuatro paredes cargadas de secretos, sobremesas, desayunos con prisa o otros con calma, cenas diarias y cenas pausadas, comidas con olor a paella y otras con sabor italiano. Recetas familiares e inventos que se olvidan nada más nacer. Pizzas en el horno y flores en la repisa.

La cocina es el equilibrio perfecto entre la formalidad y lo casual, entre las conversaciones de sofá y el rigor del salón.

Somos de la opinión de que en una cocina la gente se relaja, se olvida de protocolos, que no de modales, y se centra en disfrutar.

¡Vivan las cocinas y todo lo que pasa dentro de ellas!

En Fincas Fiol te ayudamos a buscar y a encontrar la cocina de tu vida.

Raqueta

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¿Cuándo sabes que estás en casa?

Hace poco leímos un pequeño poema de Elvira Sastre que nos gustó mucho:

A ti podría decirte

que para mí cualquier lugar es mi casa

si tú eres quien abre la puerta.

Mi casa, dice. MI casa. Mi casa y tu casa. La casa compartida.

Y entonces, una pregunta nos asalta, ¿en qué momento una persona sabe que está en casa?

En Fincas Fiol, que enseñamos y vendemos casas a diario, que visitamos salones, jardines, cocinas y comedores, somos conscientes de que las paredes importan tanto como el suelo, de que la cocina os gusta más si es luminosa y con espacio para una mesa grande y un sofá, que las grietas nunca son una buena señal ni arrancan ninguna sonrisa, de que os gustan las terrazas y las azoteas, de que los salones mejor si tienen grandes ventanales y espacio para una butaca donde poder leer, sabemos que preferís habitaciones con armario empotrado y que los baños marcan la diferencia entre un espacio y un hogar.

La experiencia nos dice que cada rincón de esa candidata a ser la casa de vuestros sueños importa. Cada rincón. Pero volviendo al poema de Elvira Sastre, sabemos que lo importante de una casa es ese alguien que hace de cuatro paredes y un techo un sitio especial.

Alguien que luzca orgulloso un juego de llaves en el bolsillo, alguien que llene los espacios vacíos aunque llegue sin muebles, alguien que ayude a ver el lado positivo de esa grieta que nos quita el sueño, alguien con quien compartir mesa, cama y macarrones, como diría Serrat, alguien con quien calentarnos los pies y medir las ventanas para los (malditos) estores, alguien que llame a la puerta y conteste con un simple y rotundo: YO, alguien que desordene para demostrar que no es una casa vacía, alguien que ordene y replique, alguien que deshaga la cama para hacerla justo antes de entrar otra vez, alguien que cocine y se queje por su falta de ideas con el menú, alguien que compre flores y las ponga en un jarrón, alguien que canturree desde la ducha y deje mensajes en el vaho del espejo, alguien que no haga los deberes y aun así tenga un rato de Play, alguien que consigue que los días de lluvia y colores grisáceos sean días de manta y peli, alguien que consiga arrancarnos una palabra antes del café de la mañana y una carcajada antes del ‘buenas noches’, alguien que consiga que nuestro trabajo cobre sentido.

Tú pones a las personas y nosotros nos encargamos de la casa.

Home is a place where when you knock on the door, they have to let you in.

Home is a place where when you knock on the door, they have to let you in.

 

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